Las manifestaciones culturales de los pueblos originarios de Oaxaca, México y el mundo, han sido agredidas despiadadamente por la globalización de un solo modo de vida, de una cultura uniformizante, donde todo se reproduce mecánicamente sin respeto a las formas y modos de vida de sociedades basadas en la colectividad como fundamento para el trabajo, la organización política y la fiesta, localizadas en un territorio determinado, con una visión y entendimiento del mundo lejos de la cultura individualizante y consumista que actualmente se impone de manera explícita e implícita a través de los medios masivos de información, los estereotipos, la religión y la escuela.
Las escuelas en su gran mayoría, desgraciadamente, imponen un modo de vida que desarraiga a la persona, creando individuos sin sentido de colectividad, mucho menos de pertenencia. Arrojado a la selva del asfalto el humano actúa como si la sociedad fuese un barco que se hunde diariamente y donde para salir adelante tiene que impulsarse a la superficie hundiendo a su compañero de enfrente.
Lejos de pensar en el apoyo mutuo, como factor de fortaleza, la sociedad reproduce la idea de que el individuo es el centro de las actividades sociales, donde un hombre puede ser la diferencia. Los estereotipos fundados en la dinámica de la súper-producción de mercancías y productos, se reproducen de manera cotidiana pues es tal el avasallamiento de nuestras formas propias que el amor, la felicidad y la dicha son productos y mercancías que se intercambian con dinero de por medio.
La educación no escapa a la lógica de la producción y mercantilización, la escuela produce educación y vende conocimientos, pero lo que produce está lejos de ser parte de la lógica de los pueblos originarios, que en contraste con las sociedades contemporáneas, conservan aspectos que son propios y que son resultado de conocimientos y saberes que se reproducen generación tras generación, pero que al momento de ser intervenidos por la escuela se pervierten y se degradan al grado de desaparecer.
Es cierto que la escuela ayuda al individuo a generar conocimientos y a insertarse en la vida contemporánea pero esto es contraproducente para las culturas que no han necesitado de la escuela para reproducir sus conocimientos y mucho menos para seguir produciendo nuevo conocimiento.
Por el contrario, al contraponer la Comunalidad de los pueblos originarios con la dinámica escolar el resultado es indignante. La escuela ha hecho posible que nuestras culturas con sus propios modos y formas de vida estén reproduciendo una lógica que pone en peligro conocimientos, saberes, lenguas, danzas, música, arte y diversas manifestaciones culturales más, que son resultado de un modo de entender, de vivir y comprender el mundo, de nuestra relación con lo que nos rodea y manifestación de armonía con la naturaleza.
La escuela ha sido el instrumento, quizás, más sutil para enajenarnos y perdernos. Nos hace olvidar raíces, despreciar costumbres, descontinuar tradiciones, hablarnos con otro entendimiento, pero si nos causa esto, no es para mejorar, porque el resultado no es positivo para nosotros, es negativo.
La educación que se imparte en la escuela nos impone la forma de vida de una sociedad que no respeta, que no comprende, que piensa que el consumo de mercancías obsoletas y perecederas, es sinónimo de mejora. Donde la homolatría se hace latente en todo momento, y la mujer es relegada y despreciada.
La tarea que han asumido muchos de nosotros para luchar contra esto, primero fue denunciarlo, ahora ya proponemos hacer escuelas que respeten, reconozcan e incorporen nuestro propios modos de organizarnos, de conocer y saber. El monstro contra el que se libra la batalla es enorme, su burocracia sus mejores armas, pero la lógica impuesta es su mejor estrategia para despreciar los intentos de una educación escolar acorde a las necesidades y que resuelva los problemas a los que nos enfrentamos.
Las opciones que se han propuesto se han echado a andar muchas veces sin el reconocimiento oficial, al inicio, -que después de muchas inercias el Estado ha reconocido-, y dando tumbos, Oaxaca se presenta como el estado en todo México con más presencia de experiencias escolares dirigidas y orientas específicamente a los pueblos originarios. Existen siete secundarias comunitarias bilingües, 30 escuelas de nivel medio superior denominados Bachilleratos Integrales Comunitarios y dos opciones de escuelas de nivel superior La Escuela Normal Bilingüe Intercultural de Oaxaca y la Universidad Intercultural Ayuuk[1] y numerosas propuestas no oficiales que pretenden fortalecer lo que se hace desde estas experiencias.
La tarea no ha sido fácil, pero el debate es serio y debemos ser críticos, pues si bien las propuestas de una educación desde y para los pueblos son experiencias escolarizadas y que han logrado intervenir en la lógica de la educación oficial, hasta el reconocimiento de la Comunalidad en la legislación sobre educación en el estado, es importante reconocer que lo subyacente en la estructura escolar, no solo son los contenidos sino la dinámica con la que se desarrollan las relaciones dentro de la estructura, pero sobre todo el énfasis en la docencia como punto medular para la enseñanza.
Es necesario que sigamos reflexionando sobre la educación que se impulse desde y para los pueblos originarios, incluso poner en duda si deben crearse nuevas escuelas con enfoques orientados a la interculturalidad, ¿no podríamos pensar en intervenir a las instituciones ya existentes y proponer desde ahí el reconocimiento y el ejercicio de nuestro derechos? ¿Cómo podríamos diseñar estrategias donde las comunidades hagan efectivo sus derechos de controlar, proponer y diseñar sus propios procesos educativos? ¿Cómo las experiencias actuales de educación intercultural fortalecen la comunidad y rompen la lógica colonialista de que explícitamente se reproduce e impone en las instituciones ajenas a nuestras comunidades? ¿Por qué las experiencias actuales retoman la dinámica de una escuela cualquiera para plantear sus procesos educativos con orientación intercultural y/o comunitaria? ¿Cómo podemos romper el proceso de graduación, la estructura vertical escolar del maestro como autoridad y los estudiantes como subordinados, la orientación social actual de que a la escuela se va por un certificado y no a acrecentar y fortalecer la cultura de una persona proveniente de un pueblo originario? ¿Cómo fortalecemos los procesos educativos de la comunidad sin necesidad de la escuela?
Sin duda alguna existe una contradicción latente en las propuestas de educación comunitaria, pues si pretendemos incorporar conocimientos y saberes en estructuras verticales e individualizadoras como la escuela, rompemos la lógica colectiva, privilegiamos procesos que recaen en teorías pedagógicas ajenas y colonialistas para enseñar y evaluar.
Un aspecto delicado y que no se ha prestado mucha atención es el hecho de que las propuestas de educación comunitaria reproducen y fortalecen la discriminación de la cual son objeto las personas que no acuden a la escuela, pues se cree que los únicos conocimientos valederos son los que se adquieren a través de la escuela, ¿cómo romper esa lógica en las experiencias de educación comunitaria?
El hecho es que las Escuelas de Educación Comunitaria no cumplirán el objetivo por el cual fueron creadas si continúan necesitando del maestro, de la graduación, de la certificación y la acción comunitaria se relega a las reuniones de padres de familia y la acción de los estudiantes se reduce al cumplimiento de las tareas que los maestros dejan.
Dichas escuelas, al igual que sus similares, tienen una dinámica explicita para que los niños y jóvenes no quieran ser campesinos, produciendo así un desarraigo por la tierra.
Por otro lado el medio se vuelve fin, las experiencias de las escuelas con enfoque intercultural han sido impulsadas no por la importancia que el resultado arroja en cada comunidad donde se encuentran incidiendo, sino porque el medio se volvió fin. La finalidad ahora es construir más escuelas con ese modelo y más escuelas en todos los niveles, aun cuando no se ve diferencia efectiva entre una escuela común, y una escuela con enfoque intercultural, los estudiantes en ambas estructuras, se uniforman, asisten a sus materias, tienen maestros, horarios, salones, festejan y hacen eventos conmemorativos, son evaluados y al término de su proceso de alquimia escolar reciben el certificado que acredita que ha sido liberado de las impurezas.
La pregunta es ¿cómo podemos fortalecer los procesos de producción, recreación y aprendizaje implícitos en la vida comunitaria? La escuela puede ser necesaria pero ¿Cómo la ponemos en manos de la gente que obedezca a un límite natural, que el medio no se establezca como fin y que tenga un final natural?
Cómo lo vemos desde otra óptica las escuelas que pretendan fortalecer la dinámica de los pueblos originarios y que introduzcan cambios que mejoren dicha dinámica, deben tener como finalidad desaparecer y no perpetuarse como actualmente se piensa de las experiencias existentes.
Es más tenemos que ir perfilando una nueva concepción teórica-conceptual propia, que sea radical para nombrar el proceso de aprendizaje que se vive en las comunidades, el término educación ya sea pervertido al grado de pensar que la educación es la escuela, pues cuando hablamos del aspecto educativo en las comunidades la primer referencia a la cual nos remitimos es a las escuelas.
[1] Maldonado Alvarado, Benjamín. 2011. Comunidad, Comunalidad y colonialismo en Oaxaca. La nueva Educación Comunitaria y su contexto. CESEIIO-SAI-CEDELIO-CEEESCI. Oaxaca, México.











